“En
cuanto a la doctrina de la represión, es seguro que la concebí yo
independientemente; no sé de ninguna influencia que me haya
aproximado a ella, y durante mucho tiempo tuve a esta idea por
original, hasta que Otto Rank nos exhibió aquel pasaje de El mundo
como voluntad y representación, de Schopenhauer, donde el filósofo
se esfuerza por explicar la locura. Lo que ahí se dice acerca de la
renuencia a aceptar un fragmento penoso de la realidad coincide
acabadamente con el contenido de mi concepto de represión, tanto,
que otra vez puedo dar gracias a mi falta de erudición libresca, que
me posibilitó hacer un descubrimiento. No obstante, otros han leído
ese pasaje y lo pasaron por alto sin hacer ese descubrimiento, y
quizá lo propio me hubiera ocurrido si en años mozos hallara más
gusto en la lectura de autores filosóficos. En una época posterior,
me rehusé el elevado goce de las obras de Nietzsche con esta
motivación consciente: no quise que representación-expectativa de
ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las
impresiones psicoanalíticas. Por ello debía estar dispuesto -y lo
estoy de buena gana- a resignar cualquier pretensión de prioridad en
aquellos frecuentes casos en que la laboriosa investigación
psicoanalítica no puede más que corroborar las intelecciones
obtenidas por los filósofos intuitivamente. La doctrina de la
represión es ahora el pilar fundamental sobre la que descansa el
edificio del psicoanálisis“.
S.
Freud
“Schopenhauer
dio una sacudida, anticipándose a Freud en medio siglo, a la
filosofía de la conciencia que había predominado en el pensamiento
occidental. En Schopenhauer aparece por vez primera una filosofía
explícita del inconsciente y del cuerpo.”
R.
Safranski
“Schopenhauer
fue el primer filosofo de categoría en darse de baja de la iglesia
occidental de la razón. Junto a Marx y a los jóvenes hegelianos fue
quien fundamentalmente llevó a cabo la ruptura revolucionaria en el
pensamiento del siglo XIX. Con él da comienzo la larga del buen
motivo, dando así una despedida concisa a las teologías griegas y
judeo-cristiana. Lo más importante de todo había sido dejar de ser
para él una entidad espiritual divina y racionalmente justa. Con su
doctrina de la voluntad salta por los aires la teoría del fundamento
del mundo en torno al racionalismo religioso, tal como seguía en
vigor desde los tiempos de Platón, para pasar a un reconocimiento de
lo irracional marcado por el horror y el
asombro: Schopenhauer es
el primero en intuir la naturaleza energética e impulsiva, exenta de
razón, del ser. En esto es uno de los padres del siglo psicoanalista
… fundador de una época sistémica y teorizante del caos. En el
hecho de que abrió las puertas europeas con gran respeto a las
doctrinas asiáticas de la sabiduría, en especial al budismo, podría
radica a largo plazo su repercusión más importante en la historia
intelectual. Puede que, en el anhelo de vida de la humanidad en el
primer mundo actual, la doctrina de Schopenhauer de la resignación
de la voluntad suene por fuerza aún más sorprendente que a sus
contemporáneos, los positivistas progresistas y los revolucionarios
creyentes en la humanidad; pero en la actualidad sigue recordando que
el anhelo desatado de vida no podrá solucionar, mediante su
intensificación, los problemas que crea su desbordamiento libre. De
Schopenhauer podría proceder la frase: sólo la desaparición puede
salvarnos aún; claro está que él no habló de desaparición, sino
de renuncia. Para los modernos, “renuncia” es la palabra más
difícil del mundo. Schopenhauer la invocó contra viento y marea.
Tras él, las cuestiones éticas están abiertas de una manera más
radical de lo que nunca lo había estado hasta entonces.”
Peter
Sloterdijk
“
APORTES
DE SCHOPENHAUER A LA PSIQUIATRÍA MODERNA: Metafísica de la
voluntad, descubrimiento de lo inconsciente y la etiología de las
neurosis. Las deudas inconfesables de Freud.” — Dr. Adolfo
Vásquez Rocca, en REFLEXIONES MARGINALES, Revista de la Facultad de
Filosofía y Letras, UNAM— N.º 35 —octubre-noviembre, 2016
http://reflexionesmarginales.com/3.0/aportes-de-schopenhauer-a-la-psiquiatria-moderna/
LA
INFLUENCIA DE SCHOPENHAUER EN FREUD. PRÉSTAMOS INCONFESABLES.
Un
cuidadoso análisis de la obra central de Schopenhauer, El mundo como
voluntad y representación, muestra que muchas de las ideas más
características de Freud habían sido anticipadas por Schopenhauer.
Todo pensador expresa siempre algo de la cultura de su tiempo, por
supuesto, pero los paralelismos que encontramos entre Freud y
Schopenhauer van más allá de la mera influencia cultural. El
concepto schopenhaueriano de voluntad contiene los fundamentos de lo
que en Freud llegarán a ser los conceptos del inconsciente y del
Ello.
Los
escritos de Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la
represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de las
neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura
teoría de la libre asociación. Y lo que es más importante,
Schopenhauer anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la
sexualidad.
Schopenhauer,
como psicólogo de la voluntad, es el padre de toda la psicología
moderna. Desde él parte una línea que, a través del radicalismo
psicológico de Nietzsche, va directa hasta Freud y los hombres que
construyeron su psicología del inconsciente y la aplicaron a las
ciencias de la mente.
Los
escritos de Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la
represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de las
neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura
teoría de la libre asociación. Y lo que es más importante,
Schopenhauer anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la
sexualidad.
Schopenhauer,
como psicólogo de la voluntad, es el padre de toda la psicología
moderna. Desde él parte una línea que, a través del radicalismo
psicológico de Nietzsche, va directa hasta Freud y los hombres que
construyeron su psicología del inconsciente y la aplicaron a las
ciencias de la mente.
Sin
embargo cabe aquí una observación que da cuenta de la reticencia de
Freud de reconocer la influencia – o prestamos no confesados – de
Schopenhauer.
Si se toma en cuenta la manera de Freud de citar a Schopenhauer,
resulta realmente llamativo que Freud cite al filósofo siempre desde
Parerga y Paralipomena[28] y nunca desde El mundo como voluntad y
representación. Este hecho es más significativo aún si tenemos en
cuenta que un párrafo que Rank le muestra a Freud en su momento –De
la locura-, cuya data fue 1909, pertenece a los Complementos de El
mundo como voluntad y representación. Aquí se evidencia la
importancia del impacto de Schopenhauer sobre Freud- así como las
resistencias a reconocerlo,[29] un indicio del conflicto, complejo y
contradicciones freudianas entre “tener noticia de Schopenhauer”
y “no tener noticia de Schopenhauer”.
En
el presente escrito pretendo dejar en claro el legado que dejó
Schopenhauer para la historia del psicoanálisis, analizando las
teorías que Freud toma de la filosofía y las razones por las que
Freud argumenta un desconocimiento absoluto del autor. Para efectos
de claridad me basaré principalmente en tres puntos que tienen en
común los dos autores, a saber, la relación entre la voluntad
schopenhaueriana y el inconsciente freudiano, la teoría de la
represión y las pulsiones y la teoría sobre sexualidad.
Transición
entre la sensibilidad romántica y la modernista.
Freud
aparecerá pues como una figura de transición entre la sensibilidad
romántica y la modernista y lo es, sólo porque, precisamente
Schopenhauer un siglo antes había abonado el trasfondo de las
teorías psicoanalíticas. No sólo la afirmación de un estrato
interior –profundo de la mente– constituyo un hito, sino, y esto
de un modo aun más significativo, el postular –como Schopenhauer–
que la existencia humana se sustentaba alrededor de un eje irracional
y dinámico (la voluntad), consideración que tampoco es ajena a
poetas como Poe y Baudelaire, quienes intuían la presencia la
presencia de un mal profundo inherente al hombre. No es pues extraño
que en este contexto Freud propusiera que la principal fuerza
impulsora de la conducta estaba situada más allá del alcance de la
conciencia, y, hallándose bloqueada en gran medida en su expresión
directa, se abriera paso tortuosamente hasta la superficie en los
sueños, las obras de arte, las distorsiones o deslices del
razonamiento y el comportamiento neurótico. Ese recurso interior era
en esencia la energía del deseo, y concretamente del deseo de
realización sexual. Por cierto que con Freud, como lo hemos
anunciado, las pasiones oscuras –propias de la estética y el
ideario romántico de los poetas
malditos–
adquirieron una apariencia modernista, caracterizadas con un lenguaje
cuasi-biológico como “impulsos libidinales”, y allí donde los
románticos descubrían la potente evidencia de los recovecos
interiores, las demandas modernistas levaron a Freud a tratar de
conseguir pruebas objetivas de lo inconsciente.
De
este modo, Freud caía bajo el influjo de la ciencia (la física) y
la cultura de su época, de los problemas que dominaban el espíritu
de aquella época, como también de los modos de abordarlos, esto es
de una perspectiva de análisis y de determinadas racionalidades y
modelos explicativos.

En
el siglo XIX, algunos temas generales eran muy frecuentes en el mundo
de habla alemana, y ninguno de ellos más que el de la voluntad y la
conciencia. Estos temas pueden haber alcanzado en Freud su máximo
desarrollo, como algunos han sugerido, pero no tienen su comienzo en
él ni tampoco en Nietzsche. Para encontrar sus orígenes y los
primeros planteamientos claros debemos, como hemos anticipado,
retroceder hasta Schopenhauer. En él encontramos no sólo la
anticipación de algunas de las ideas más características de Freud
sino también una articulación sorprendentemente completa de ellas.
Es de conocimiento general, por supuesto, que
Veamos
en primer lugar el concepto de voluntad en Schopenhauer. Pensado como
un concepto metafísico, la “voluntad” de Schopenhauer es
sorprendentemente semejante a los primeros estímulos endógenos de
Freud y más tarde del Ello. Por otra parte, la doctrina de
Schopenhauer contiene una clara anticipación de los procesos
primarios y la sexualidad es tan central en él como en la posterior
teoría del Ello de Freud.
Además,
Schopenhauer también identificó un proceso que no es solamente
semejante al posterior concepto freudiano de represión sino que lo
expresa incluso en un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro
de una etiología de la locura. Aunque fracasó en su empeño,
prefigura la primera teoría de las neurosis de Freud; Schopenhauer
vio la locura como una enfermedad mental en mayor medida de lo que se
acostumbraba en su época. Por último, su concepto del hilo de la
memoria y su noción de asociación como método para recuperar
recuerdos y sueños perdidos anticipan aspectos de posteriores ideas
freudianas.
En
Freud encontramos el mismo sombrío realismo schopenhaueriano que
busca las raíces de la espiritualidad humana en oscuras fuerzas
primitivas e instintivas.
Schopenhauer
también identificó un proceso que no es solamente semejante al
posterior concepto freudiano de represión sino que lo expresa
incluso en un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro de una
etiología de la locura.
BIBLIOGRAFÍA
Schopenhauer,
Arthur, El mundo como voluntad y representación, Tomo I. Ed. Fondo
de Cultura Económica, Madrid. 2005.
Schopenhauer,
A, Sobre la libertad de la voluntad, Ángel Gabilondo (Redactor),
Alianza Editorial, Madrid, 2012.
Schopenhauer,
A, Parerga y Paralipómena, Trotta, Madrid, 2006.
Schopenhauer,
A. Notas sobre oriente. Alianza editorial, Madrid. 2007.
Schopenhauer,
A. Los designios del Destino. Ed. Técnos, Madrid. 2002.
Schopenhauer,
A. Escritos inéditos de juventud. Sentencias y aforismos II. Ed.
Pre-textos, Madrid. 1999.
Schopenhauer,
A. Los dos problemas fundamentales de la ética. Siglo veintiuno
editores, Madrid, 1993
Schopenhauer,
A. Sobre la voluntad en la naturaleza. Alianza editorial, Madrid.
1970.
Schopenhauer,
A, Ensayo sobre el libre arbitrio, o Sobre la libertad de la voluntad
humana, Alianza Editorial, Madrid, 2004.
Simmel,
Georg, Schopenhauer y Nietzsche, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2005.
Sloterdij,
Peter, Temperamentos filosóficos. De Platón a Foucault, Siruela,
Madrid, 2010
Safranski,
Rüdiger, Schopenhauer y los años salvajes de la Filosofía,
Editorial Tusquets, Madrid, 1998.
Freud,
Sigmund, “Tres Ensayos de Teoría Sexual”, Obras completas,
Amorrortu Editores, Volumen VII, Buenos Aires, 1993.
Freud,
Sigmund, “Más allá del principio de placer, Psicología de las
masas y Análisis del yo, y otras obras”, Obras completas,
Amorrortu Editores, Volumen XVIII, Buenos Aires, 1993.
Freud,
Sigmund, “Trabajos sobre metapsicología, y otras obras”, Obras
completas, Amorrortu Editores, Volumen XIV, Buenos Aires, 1993.
Freud,
Sigmund, “Contribución a la historia del movimiento
psicoanalítico”, Obras completas, Amorrortu Editores, Volumen XIV,
Buenos Aires, 1993.
González
Noriega, Santiago, “Schopenhauer, Arthur”, entrada del
Diccionario de Filosofía Contemporánea, Ediciones Sígueme,
Salamanca, 1976,
Notas
[1]
Esta cita, en conjunto con los siguientes epígrafes de Contribución,
conforman en su conjunto un mismo párrafo. Ver Contribución a la
historia del movimiento psicoanalítico, en ed. cit., p. 15
[2]
Artículo Relacionado: Adolfo Vásquez Rocca, “Schopenhauer; del
Mundo como voluntad y representación al Pesimismo metafísico”, en
op. cit.
[3]
Presentado por Arthur Schopenhauer al concurso convocado en 1839 por
la real Sociedad Noruega, en el que obtuvo el premio, “Sobre la
libertad de la voluntad” vería la luz en 1841 junto con otro
trabajo «Sobre el fundamento de la moral», bajo el título común
de “Los dos problemas fundamentales de la ética”. La importancia
y el lugar exacto que ocupa esta obra es clave en el conjunto de la
filosofía Schopenhauer.
[4]
Schopenhauer fue un gran romántico, aunque ajeno a las
idealizaciones que algunos románticos hicieron, por ejemplo, del
Estado, en el que vio meramente un regulador exterior de la acción,
ajeno a la transcendencia que le atribuyó Hegel.
[5]
A. Schopenhauer, Sobre la libertad de la voluntad, ed. cit. p. 33
[6]
El Catecismo de Heidelberg (1563) –Heidelberger Katechismus– ,
Referido en NYENHUIS, Gerald Comentario del Catecismo de Heidelberg,
Publicaciones el Faro, México S.A., 2004
[7]
Georg Simmel, Schopenhauer y Nietzsche, ed. cit. p. 46.
[8]
Rüdiger Safranski, Schopenhauer y los años salvajes de la
Filosofía, Ed. cit., p. 85
[9]
Ibídem., p. 107
[10]
A. Schopenhauer, El Mundo como voluntad…, ed. cit., §54, p. 376.
[11]
Adolfo Vásquez Rocca “Schopenhauer; Del Mundo como Voluntad y
Representación al Pesimismo Metafísico”, en Op., cit.
[12]
A. Schopenhauer, Sobre la libertad de la voluntad, en op. cit.
[13]
A. Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, en op.
cit., p 85
[14]
Es importante destacar la originalidad de Schopenhauer en el plano de
la epistemología. Al comenzar sus explicaciones desde la
representación, se sitúa en una posición que rompe con el esquema
tradicional dualista que explica el conocimiento y la existencia de
la realidad a partir de lo objetivo o lo subjetivo. Hay una realidad
empírica compatible con un idealismo trascendental que se sustenta
en la representación.
[15]
Sobre este punto profundizaremos en un próximo Artículo, del cual
ya se hecho una primera entrega: Adolfo Vásquez Rocca “La
influencia de Schopenhauer en Freud”, en op. cit.
http://cibernous.com/autores/schopenhauer/teoria/rocca2.htm
[16]
Santiago González Noriega, “Schopenhauer, Arthur”, en ed., cit.,
pp. 450-451
Vásquez
Rocca, Adolfo, "Nietzsche: De la voluntad de ficción al
pathos de la verdad. Aproximación estético-epistemológica a la
concepción biológica de lo literario", En NÓMADAS,
Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas - Universidad
Complutense de Madrid, NÓMADAS. 36 | Julio-Diciembre 2012 (II) pp.
315-338 http://www.theoria.eu/nomadas/36/adolfovrocca.pdf
“En
cuanto a la doctrina de la represión, es seguro que la concebí yo
independientemente; no sé de ninguna influencia que me haya
aproximado a ella, y durante mucho tiempo tuve a esta idea por
original, hasta que Otto Rank nos exhibió aquel pasaje de El mundo
como voluntad y representación, de Schopenhauer, donde el filósofo
se esfuerza por explicar la locura. Lo que ahí se dice acerca de la
renuencia a aceptar un fragmento penoso de la realidad coincide
acabadamente con el contenido de mi concepto de represión, tanto,
que otra vez puedo dar gracias a mi falta de erudición libresca, que
me posibilitó hacer un descubrimiento. No obstante, otros han leído
ese pasaje y lo pasaron por alto sin hacer ese descubrimiento, y
quizá lo propio me hubiera ocurrido si en años mozos hallara más
gusto en la lectura de autores filosóficos. En una época posterior,
me rehusé el elevado goce de las obras de Nietzsche con esta
motivación consciente: no quise que representación-expectativa de
ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las
impresiones psicoanalíticas. Por ello debía estar dispuesto -y lo
estoy de buena gana- a resignar cualquier pretensión de prioridad en
aquellos frecuentes casos en que la laboriosa investigación
psicoanalítica no puede más que corroborar las intelecciones
obtenidas por los filósofos intuitivamente. La doctrina de la
represión es ahora el pilar fundamental sobre la que descansa el
edificio del psicoanálisis“.
S.
Freud
“Schopenhauer
dio una sacudida, anticipándose a Freud en medio siglo, a la
filosofía de la conciencia que había predominado en el pensamiento
occidental. En Schopenhauer aparece por vez primera una filosofía
explícita del inconsciente y del cuerpo.”
R.
Safranski
“Schopenhauer
fue el primer filosofo de categoría en darse de baja de la iglesia
occidental de la razón. Junto a Marx y a los jóvenes hegelianos fue
quien fundamentalmente llevó a cabo la ruptura revolucionaria en el
pensamiento del siglo XIX. Con él da comienzo la larga del buen
motivo, dando así una despedida concisa a las teologías griegas y
judeo-cristiana. Lo más importante de todo había sido dejar de ser
para él una entidad espiritual divina y racionalmente justa. Con su
doctrina de la voluntad salta por los aires la teoría del fundamento
del mundo en torno al racionalismo religioso, tal como seguía en
vigor desde los tiempos de Platón, para pasar a un reconocimiento de
lo irracional marcado por el horror y el asombro: Schopenhauer es el
primero en intuir la naturaleza energética e impulsiva, exenta de
razón, del ser. En esto es uno de los padres del siglo psicoanalista
… fundador de una época sistémica y teorizante del caos. En el
hecho de que abrió las puertas europeas con gran respeto a las
doctrinas asiáticas de la sabiduría, en especial al budismo, podría
radica a largo plazo su repercusión más importante en la historia
intelectual. Puede que, en el anhelo de vida de la humanidad en el
primer mundo actual, la doctrina de Schopenhauer de la resignación
de la voluntad suene por fuerza aún más sorprendente que a sus
contemporáneos, los positivistas progresistas y los revolucionarios
creyentes en la humanidad; pero en la actualidad sigue recordando que
el anhelo desatado de vida no podrá solucionar, mediante su
intensificación, los problemas que crea su desbordamiento libre. De
Schopenhauer podría proceder la frase: sólo la desaparición puede
salvarnos aún; claro está que él no habló de desaparición, sino
de renuncia. Para los modernos, “renuncia” es la palabra más
difícil del mundo. Schopenhauer la invocó contra viento y marea.
Tras él, las cuestiones éticas están abiertas de una manera más
radical de lo que nunca lo había estado hasta entonces.”
Peter
Sloterdijk
LA
INFLUENCIA DE SCHOPENHAUER EN FREUD. PRÉSTAMOS INCONFESABLES.
Un
cuidadoso análisis de la obra central de Schopenhauer, El mundo como
voluntad y representación, muestra que muchas de las ideas más
características de Freud habían sido anticipadas por Schopenhauer.
Todo pensador expresa siempre algo de la cultura de su tiempo, por
supuesto, pero los paralelismos que encontramos entre Freud y
Schopenhauer van más allá de la mera influencia cultural. El
concepto schopenhaueriano de voluntad contiene los fundamentos de lo
que en Freud llegarán a ser los conceptos del inconsciente y del
Ello.
Los
escritos de Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la
represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de las
neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura
teoría de la libre asociación. Y lo que es más importante,
Schopenhauer anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la
sexualidad.
Schopenhauer,
como psicólogo de la voluntad, es el padre de toda la psicología
moderna. Desde él parte una línea que, a través del radicalismo
psicológico de Nietzsche, va directa hasta Freud y los hombres que
construyeron su psicología del inconsciente y la aplicaron a las
ciencias de la mente.
Los
escritos de Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la
represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de las
neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura
teoría de la libre asociación. Y lo que es más importante,
Schopenhauer anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la
sexualidad.
Schopenhauer,
como psicólogo de la voluntad, es el padre de toda la psicología
moderna. Desde él parte una línea que, a través del radicalismo
psicológico de Nietzsche, va directa hasta Freud y los hombres que
construyeron su psicología del inconsciente y la aplicaron a las
ciencias de la mente.
Sin
embargo cabe aquí una observación que da cuenta de la reticencia de
Freud de reconocer la influencia – o prestamos no confesados – de
Schopenhauer.
Si se toma en cuenta la manera de Freud de citar a Schopenhauer,
resulta realmente llamativo que Freud cite al filósofo siempre desde
Parerga y Paralipomena[28] y nunca desde El mundo como voluntad y
representación. Este hecho es más significativo aún si tenemos en
cuenta que un párrafo que Rank le muestra a Freud en su momento –De
la locura-, cuya data fue 1909, pertenece a los Complementos de El
mundo como voluntad y representación. Aquí se evidencia la
importancia del impacto de Schopenhauer sobre Freud- así como las
resistencias a reconocerlo,[29] un indicio del conflicto, complejo y
contradicciones freudianas entre “tener noticia de Schopenhauer”
y “no tener noticia de Schopenhauer”.
En
el presente escrito pretendo dejar en claro el legado que dejó
Schopenhauer para la historia del psicoanálisis, analizando las
teorías que Freud toma de la filosofía y las razones por las que
Freud argumenta un desconocimiento absoluto del autor. Para efectos
de claridad me basaré principalmente en tres puntos que tienen en
común los dos autores, a saber, la relación entre la voluntad
schopenhaueriana y el inconsciente freudiano, la teoría de la
represión y las pulsiones y la teoría sobre sexualidad.
Transición
entre la sensibilidad romántica y la modernista.
Freud
aparecerá pues como una figura de transición entre la sensibilidad
romántica y la modernista y lo es, sólo porque, precisamente
Schopenhauer un siglo antes había abonado el trasfondo de las
teorías psicoanalíticas. No sólo la afirmación de un estrato
interior –profundo de la mente– constituyo un hito, sino, y esto
de un modo aun más significativo, el postular –como Schopenhauer–
que la existencia humana se sustentaba alrededor de un eje irracional
y dinámico (la voluntad), consideración que tampoco es ajena a
poetas como Poe y Baudelaire, quienes intuían la presencia la
presencia de un mal profundo inherente al hombre. No es pues extraño
que en este contexto Freud propusiera que la principal fuerza
impulsora de la conducta estaba situada más allá del alcance de la
conciencia, y, hallándose bloqueada en gran medida en su expresión
directa, se abriera paso tortuosamente hasta la superficie en los
sueños, las obras de arte, las distorsiones o deslices del
razonamiento y el comportamiento neurótico. Ese recurso interior era
en esencia la energía del deseo, y concretamente del deseo de
realización sexual. Por cierto que con Freud, como lo hemos
anunciado, las pasiones oscuras –propias de la estética y el
ideario romántico de los poetas
malditos–
adquirieron una apariencia modernista, caracterizadas con un lenguaje
cuasi-biológico como “impulsos libidinales”, y allí donde los
románticos descubrían la potente evidencia de los recovecos
interiores, las demandas modernistas levaron a Freud a tratar de
conseguir pruebas objetivas de lo inconsciente.
De
este modo, Freud caía bajo el influjo de la ciencia (la física) y
la cultura de su época, de los problemas que dominaban el espíritu
de aquella época, como también de los modos de abordarlos, esto es
de una perspectiva de análisis y de determinadas racionalidades y
modelos explicativos.
En
el siglo XIX, algunos temas generales eran muy frecuentes en el mundo
de habla alemana, y ninguno de ellos más que el de la voluntad y la
conciencia. Estos temas pueden haber alcanzado en Freud su máximo
desarrollo, como algunos han sugerido, pero no tienen su comienzo en
él ni tampoco en Nietzsche. Para encontrar sus orígenes y los
primeros planteamientos claros debemos, como hemos anticipado,
retroceder hasta Schopenhauer. En él encontramos no sólo la
anticipación de algunas de las ideas más características de Freud
sino también una articulación sorprendentemente completa de ellas.
Es de conocimiento general, por supuesto, que
Veamos
en primer lugar el concepto de voluntad en Schopenhauer. Pensado como
un concepto metafísico, la “voluntad” de Schopenhauer es
sorprendentemente semejante a los primeros estímulos endógenos de
Freud y más tarde del Ello. Por otra parte, la doctrina de
Schopenhauer contiene una clara anticipación de los procesos
primarios y la sexualidad es tan central en él como en la posterior
teoría del Ello de Freud.
Además,
Schopenhauer también identificó un proceso que no es solamente
semejante al posterior concepto freudiano de represión sino que lo
expresa incluso en un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro
de una etiología de la locura. Aunque fracasó en su empeño,
prefigura la primera teoría de las neurosis de Freud; Schopenhauer
vio la locura como una enfermedad mental en mayor medida de lo que se
acostumbraba en su época. Por último, su concepto del hilo de la
memoria y su noción de asociación como método para recuperar
recuerdos y sueños perdidos anticipan aspectos de posteriores ideas
freudianas.
En
Freud encontramos el mismo sombrío realismo schopenhaueriano que
busca las raíces de la espiritualidad humana en oscuras fuerzas
primitivas e instintivas.
Schopenhauer
también identificó un proceso que no es solamente semejante al
posterior concepto freudiano de represión sino que lo expresa
incluso en un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro de una
etiología de la locura.
BIBLIOGRAFÍA
– Schopenhauer,
Arthur, El mundo como voluntad y representación, Tomo I. Ed. Fondo
de Cultura Económica, Madrid. 2005.
– Schopenhauer,
A, Sobre la libertad de la voluntad, Ángel Gabilondo (Redactor),
Alianza Editorial, Madrid, 2012.
– Schopenhauer,
A, Parerga y Paralipómena, Trotta, Madrid, 2006.
– Schopenhauer,
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– Schopenhauer,
A. Los designios del Destino. Ed. Técnos, Madrid. 2002.
– Schopenhauer,
A. Escritos inéditos de juventud. Sentencias y aforismos II. Ed.
Pre-textos, Madrid. 1999.
– Schopenhauer,
A. Los dos problemas fundamentales de la ética. Siglo veintiuno
editores, Madrid, 1993
– Schopenhauer,
A. Sobre la voluntad en la naturaleza. Alianza editorial, Madrid.
1970.
– Schopenhauer,
A, Ensayo sobre el libre arbitrio, o Sobre la libertad de la voluntad
humana, Alianza Editorial, Madrid, 2004.
– Simmel,
Georg, Schopenhauer y Nietzsche, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2005.
– Sloterdijk,
Peter, Temperamentos filosóficos. De Platón a Foucault, Siruela,
Madrid, 2010
– Safranski,
Rüdiger, Schopenhauer y los años salvajes de la Filosofía,
Editorial Tusquets, Madrid, 1998.
– Freud,
Sigmund, “Tres Ensayos de Teoría Sexual”, Obras completas,
Amorrortu Editores, Volumen VII, Buenos Aires, 1993.
– Freud,
Sigmund, “Más allá del principio de placer, Psicología de las
masas y Análisis del yo, y otras obras”, Obras completas,
Amorrortu Editores, Volumen XVIII, Buenos Aires, 1993.
– Freud,
Sigmund, “Trabajos sobre metapsicología, y otras obras”, Obras
completas, Amorrortu Editores, Volumen XIV, Buenos Aires, 1993.
– Freud,
Sigmund, “Contribución a la historia del movimiento
psicoanalítico”, Obras completas, Amorrortu Editores, Volumen XIV,
Buenos Aires, 1993.
– González
Noriega, Santiago, “Schopenhauer, Arthur”, entrada del
Diccionario de Filosofía Contemporánea, Ediciones Sígueme,
Salamanca, 1976,

Influencia de Schopenhauer en Freud
Un
cuidadoso análisis de la obra central de Schopenhauer, El mundo como
voluntad y representación, muestra que muchas de las ideas más
características de Freud habían sido anticipadas por Schopenhauer. Todo
pensador expresa siempre algo de la cultura de su tiempo, por supuesto,
pero los paralelismos que encontramos entre Freud y Schopenhauer van más
allá de la mera influencia cultural. El concepto schopenhauriano de
voluntad contiene los fundamentos de lo que en Freud llegarán a ser los
conceptos del inconsciente y del Ello.
Los
escritos de Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la
represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de las
neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura teoría
de la libre asociación. Y lo que es más importante, Schopenhauer
anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la sexualidad.
Schopenhauer,
como psicólogo de la voluntad, es el padre de toda la psicología
moderna. Desde él parte una línea que, a través del radicalismo
psicológico de Nietzsche, va directa hasta Freud y los hombres que
construyeron su psicología del inconsciente y la aplicaron a las
ciencias de la mente.
Transición entre la sensibilidad romántica y la modernista.
Freud
aparecerá pues como una figura de transición entre la sensibilidad
romántica y la modernista y lo es, sólo porque, precisamente
Schopenhauer un siglo antes había abonado el trasfondo de las teorías
psicoanalíticas. No sólo la afirmación de un estrato interior –profundo
de la mente– constituyo un hito, sino, y esto de un modo aun más
significativo, el postular –como Schopenhauer– que la existencia humana
se sustentaba alrededor de un eje irracional y dinámico (la voluntad),
consideración que tampoco es ajena a poetas como Poe y Baudelaire,
quienes intuían la presencia la presencia de un mal profundo inherente
al hombre. No es pues extraño que en este contexto Freud propusiera que
la principal fuerza impulsora de la conducta estaba situada más allá del
alcance de la conciencia, y, hallándose bloqueada en gran medida en su
expresión directa, se abriera paso tortuosamente hasta la superficie en
los sueños, las obras de arte, las distorsiones o deslices del
razonamiento y el comportamiento neurótico. Ese recurso interior era en
esencia la energía del deseo, y concretamente del deseo de realización
sexual. Por cierto que con Freud, como lo hemos anunciado, las pasiones
oscuras –propias de la estética y el ideario romántico de los poetas
malditos– adquirieron una apariencia modernista, caracterizadas con un
lenguaje cuasi-biológico como “impulsos libidinales”, y allí donde los
románticos descubrían la potente evidencia de los recovecos interiores,
las demandas modernistas levaron a Freud a tratar de conseguir pruebas
objetivas de lo inconsciente.
De
este modo, Freud caía bajo el influjo de la ciencia (la física) y la
cultura de su época, de los problemas que dominaban el espíritu de
aquella época, como también de los modos de abordarlos, esto es de una
perspectiva de análisis y de determinadas racionalidades y modelos
explicativos.
En
el siglo XIX, algunos temas generales eran muy frecuentes en el mundo
de habla alemana, y ninguno de ellos más que el de la voluntad y la
conciencia. Estos temas pueden haber alcanzado en Freud su máximo desarrollo, como algunos han sugerido, pero no tienen su comienzo en él ni tampoco en Nietzsche.
Para encontrar sus orígenes y los primeros planteamientos claros
debemos, como hemos anticipado, retroceder hasta Schopenhauer. En él
encontramos no sólo la anticipación de algunas de las ideas más
características de Freud sino también una articulación sorprendentemente
completa de ellas. Es de conocimiento general, por supuesto, que
Schopenhauer anticipó de algún modo a Freud. Ciertamente, el propio
Freud reconocía esto, aunque con una curiosa ambivalencia. Sin embargo,
las correspondencias son más extensas y detalladas de lo que se acepta
corrientemente. La razón de que no se haya reparado lo suficiente en
ello puede ser la falta de una exhaustiva y cuidadosa lectura de los
textos de Schopenhauer para descubrirlo.
Veamos
en primer lugar el concepto de voluntad en Schopenhauer. Pensado como
un concepto metafísico, la “voluntad” de Schopenhauer es
sorprendentemente semejante a los primeros estímulos endógenos de Freud y
más tarde del Ello. Por otra parte, la doctrina de Schopenhauer
contiene una clara anticipación de los procesos primarios y la
sexualidad es tan central en él como en la posterior teoría del Ello de Freud.
Además, Schopenhauer
también identificó un proceso que no es solamente semejante al
posterior concepto freudiano de represión sino que lo expresa incluso en
un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro de una etiología de la
locura. Aunque fracasó en su empeño, prefigura la primera teoría de las
neurosis de Freud;
Schopenhauer vio la locura como una enfermedad mental en mayor medida
de lo que se acostumbraba en su época. Por último, su concepto del hilo
de la memoria y su noción de asociación como método para recuperar
recuerdos y sueños perdidos anticipan aspectos de posteriores ideas
freudianas.
En
Freud encontramos el mismo sombrío realismo schopenhaueriano que busca
las raíces de la espiritualidad humana en oscuras fuerzas primitivas e
instintivas.
Schopenhauer
también identificó un proceso que no es solamente semejante al
posterior concepto freudiano de represión sino que lo expresa incluso en
un lenguaje similar, e intentó seguir el rastro de una etiología de la
locura. Aunque fracasó en su empeño, prefigura la primera teoría de las
neurosis de Freud; Schopenhauer vio la locura como una enfermedad mental
en mayor medida de lo que se acostumbraba en su época. Por último, su
concepto del hilo de la memoria y su noción de asociación como método
para recuperar recuerdos y sueños perdidos anticipan aspectos de
posteriores ideas freudianas.
Antes de examinar estas correspondencias, repasemos brevemente las opiniones de otros autores.
Como hemos dicho anteriormente, muchos escritores han notado muchos paralelismos entre Schopenhauer y Freud,
especialmente en lo que se refiere a sus puntos de vista sobre ética y
estética. Su común pesimismo es un ejemplo bien conocido. Bischler
(1939), uno de los primeros estudios, es típico a este respecto:
restringe sus comentarios a las semejanzas en el pesimismo de ambos y a
sus posiciones éticas y estéticas. Para él, la semejanza más importante
es que puede encontrarse en ambos "el mismo sombrío realismo que busca
las raíces de la espiritualidad humana en oscuras fuerzas primitivas e
instintivas" (1939, p. 88). Sin embargo, pasa de largo de las semejanzas
entre su psicología. Excepto algunos comentarios sobre sus teorías
sobre el amor, en donde se centra más en las divergencias que en las
semejanzas. Hay unos pocos estudios que se refieren específicamente a
las semejanzas en la psicología. Proctor-Greg (1956) es uno de los
primeros. Encuentra semejanzas en su tratamiento de las enfermedades
mentales, aunque de manera concisa, y señala ciertas correspondencias
entre aspectos de la psicología de Schopenhauer y el modelo topográfico
de Freud. Como Bischler, también indica los paralelismos en la ética y
la estética.
El
primer estudio significativo fue realizado por Ellenberger, en su
clásica historia de la psicología dinámica de 1970. Subraya en varias
ocasiones las ideas psicológicas de Schopenhauer
e insta a que sea incluido "definitivamente entre los antecesores de la
moderna psiquiatría dinámica" (1970, p. 205). También menciona con
aprobación la interesante afirmación de Foerster de que "nadie debe
ocuparse del psicoanálisis sin antes haber estudiado profundamente a
Schopenhauer" (1970, p. 542). En general, ve a Schopenhauer como el
primero y más importante del gran número de filósofos del inconsciente
del siglo XIX, y concluye que "no cabe la menor duda de que el
pensamiento de Freud es uno de ellos" (1970, p. 542). No obstante,
Ellenberger intenta abarcar por completo el siglo XIX, por lo que su
tratamiento de un determinado pensador es necesariamente apresurado.
El
ensayo de Gupta de 1980 es también una notable contribución. Afirma que
"en los escritos de Schopenhauer se encuentran muchas penetrantes ideas
que más tarde fueron desarrolladas y elaboradas por Freud"
(1980, p. 226). En lo que se refiere a la psicología, Gupta encuentra
semejanzas entre la voluntad de Schopenhauer y el Ello de Freud (1980,
pp. 226-8), y entre las ideas pioneras de Schopenhauer sobre la
sexualidad y las posteriores ideas de Freud. También señala que
"Schopenhauer llegó cerca de la teoría de la racionalización de Freud"
(1980, p. 226), indicando que Schopenhauer anticipó la noción de
represión e hizo la penetrante observación de que "ambos consideran que
la represión excesiva deteriora la personalidad humana" (1980, p. 231).
Además observa que ambos consideran la importancia capital de la
infancia en la formación de la posterior personalidad (1980, pp. 231-2).
Estas observaciones son importantes aunque no agotan el tema. Además,
Gupta ofrece pocas pruebas de las afirmaciones que realiza.
Observemos que la relación con Freud ha
sido realizada por muchos autores que se han ocupado de Schopenhauer.
Gardiner (1963) contiene breves referencias a la descripción de
Schopenhauer de la represión y a la semejanza entre la voluntad y el
inconsciente freudiano, por ejemplo. También indica la relación entre la
doctrina de la sexualidad de Schopenhauer y la de Freud. De modo
similar, en su libro de 1989, Magee indica varias semejanzas entre
Schopenhauer y Freud, observando que "muchas de las ideas que
constituyen el núcleo del pensamiento de Freud están completa y
claramente en Schopenhauer" (1989, p. 283). También expresa la opinión
de que era imposible que Freud fuera tan independiente de la influencia
de Schopenhauer como afirmaba, cuestión que examinaremos más adelante.

Por
último, Thomas Mann hizo alguna vez algunas profundas observaciones
sobre el tema. Desde su punto de vista, Schopenhauer, como psicólogo de
la voluntad, es el padre de toda la psicología moderna. Desde él parte
una línea que, a través del radicalismo psicológico de Nietzsche, va
directa hasta Freud y los hombres que construyeron su psicología del
inconsciente y la aplicaron a las ciencias de la mente [1968, 408]. Mann
observa muchos puntos de coincidencia entre Schopenhauer y Freud, desde
semejanzas en sus perspectivas psicológicas generales hasta semejanzas
entre la voluntad y el intelecto de Schopenhauer y el Yo y el Ello de
Freud. Mann hizo estos comentarios, muy interesantes, en un discurso
sobre el ochenta aniversario de Freud.
Uno
de los propósitos de este trabajo es aportar algún fundamento a este
tipo de afirmaciones que hemos esquematizado. Volvamos ahora a la noción
de voluntad de Schopenhauer. Como vemos, su psicología se desarrolla
directamente a partir de esta noción, especialmente sus doctrinas de que
la sexualidad penetra toda la motivación humana y que el intelecto es
secundario respecto a la voluntad. Para Schopenhauer la voluntad es
fundamental. Ella subyace y anima a todos los fenómenos (todo lo que se
puede observar o lo que llamamos el mundo objetivo). De acuerdo con
Schopenhauer, podemos saber algo de la voluntad a partir de la
conciencia de nuestra propia volición; la volición individual es
simplemente una manifestación limitada de la misma voluntad que se
manifiesta en todo el mundo objetivo. Desde el punto de vista de
Schopenhauer la voluntad está en lucha continua y todas sus múltiples
manifestaciones en este mundo están eternamente compitiendo por alcanzar
alguna satisfacción, éste es el fundamento de su pesimismo. Dejando a
un lado las funciones metafísicas que le asigna Schopenhauer, examinemos
lo que vio en sus manifestaciones en la voluntad de los seres humanos
individuales.
Schopenhauer
piensa que la voluntad misma es inconsciente, pero que se manifiesta en
el deseo sexual y en el "amor a la vida" de los seres humanos. Ambos
son manifestaciones de una voluntad de vivir subyacente. Freud toma
prestada esta imagen de dos instintos enraizados en una única voluntad
de vivir y la mantiene sin cambios hasta 1923 por lo menos. Para ambos,
la sexualidad es la más fuerte de los dos, "la más perfecta
manifestación de la voluntad de vivir" (1844, 2, pág. 514). (1)
Ciertamente, Schopenhauer llegó tan lejos como para afirmar que el ser
humano es impulso sexual concreto por cuanto su origen es un acto de
copulación y este impulso por sí solo perpetúa y mantiene por completo
su existencia fenoménica [1844, 2, 514].
Y también: "El
instinto sexual es el más vehemente de todos los anhelos, el deseo de
los deseos, la concentración de toda nuestra voluntad" (1844, 2, p.
514).
Como muchas de sus ideas, las opiniones de Schopenhauer sobre el poder
del deseo sexual están expresadas en un lenguaje metafísico. De hecho,
muestra sus afirmaciones sobre la sexualidad como simples inferencias
del constructo metafísico de la voluntad. Cuando la voluntad se
manifiesta por sí misma en la forma de una criatura viva, tiende a
perpetuarse a sí misma de acuerdo al método de reproducción de la
criatura. Así, la sexualidad es fundamental para la voluntad de
perpetuarse a sí mismo. Es "la más completa manifestación de la voluntad de vivir, su carácter más claramente expresado" (1844, 2, p. 514). Para Schopenhauer, la sexualidad es "la
más decidida y poderosa afirmación de la vida por el hecho de que para
el hombre en su estado natural, como para el animal, es la finalidad de
su vida y su meta más elevada"
(1819, 1, p. 329). Debido a que la conducta sexual es la más poderosa
afirmación de la vida y la más completa manifestación de la voluntad de
vivir, Schopenhauer se refiere a los genitales como "el núcleo central de la voluntad"
(1844, 2, p. 514), esto es, la más clara manifestación física de lo que
la voluntad quiere alcanzar en el mundo físico. La conducta sexual "fluye desde las profundidades de nuestra naturaleza" (1844, 2, p. 511).
Estas
doctrinas anticipan de modo contundente las ideas de Freud sobre la
sexualidad. Como la teoría de Freud, destacan la importancia y la
universalidad de la conducta sexual; para Schopenhauer, la sexualidad es
la más poderosa parte de prácticamente la totalidad de la motivación
humana, y sus ilustraciones de las manifestaciones de esta conducta
parecen un resumen de la teoría de Freud. Schopenhauer incluso amplió
antes que Freud el dominio de la sexualidad más allá de la procreación e
incluso más allá del orgasmo y el placer genital. Ambos llegaron a usar
el término para describir prácticamente la totalidad del placer
adquirido de cualquier manera, aunque creemos que Freud llegó mucho más
lejos que Schopenhauer.
Schopenhauer
encontró manifestaciones del impulso sexual allí donde nunca se había
pensado que existiera. Veamos este notable pasaje:
Todo
esto corresponde al importante papel que juega la relación sexual en el
mundo humano, donde es realmente el centro invisible de toda acción y
conducta, y se puede atisbar por todas partes a pesar de los velos que
lo cubren. Es la causa de la guerra y la meta y objeto de la paz, el
fundamento de lo serio y la finalidad de lo jocoso, la fuente inagotable
del ingenio, la clave de todas las alusiones y el significado de todas
las insinuaciones misteriosas, de todas las proposiciones tácitas y
todas las miradas robadas; es la meditación diaria del joven y a menudo
también del anciano, el pensamiento permanente del impúdico e incluso a
menudo aparece en la imaginación del casto contra su voluntad, el
material siempre disponible de la broma precisamente porque lo
profundamente serio está situado en su raíz .
Este pasaje no es el único. Veamos este otro:
Próximo
al amor a la vida, [el amor sexual] se muestra a sí mismo... como el
más poderoso y activo de todos los motivos e incesantemente reclama la
mitad de los poderes y pensamientos de la parte más joven de la
humanidad. Es la meta final de casi todo esfuerzo humano; tiene una
desfavorable influencia sobre los asuntos más importantes, interrumpe
continuamente las ocupaciones más serias y a veces deja perplejas por un
tiempo incluso a las grandes mentes. Parece no dudar en introducirse
con su morralla e interferir en las negociaciones de los hombres de
Estado y las investigaciones de los eruditos. Sabe como deslizar sus
cartas de amor y sus rizos incluso en los portafolios ministeriales y
los manuscritos filosóficos [1844, 2, 533].
De
este modo, Schopenhauer sigue el rastro de las ubicuas manifestaciones
del instinto sexual. Incluso el amor más sublime es esencialmente
sexual: "incluso en el caso de enamoramiento objetivo y por muy sublime
que la admiración pueda parecer, a lo único que tiende es a la
generación de un individuo..." (1844, 2, p. 535).
De modo parecido:
…toda
naturaleza amorosa está enraizada sólo en el impulso sexual, es de
hecho tan solo más determinada y especializada y, por supuesto, en
sentido estricto, impulso sexual individualizado, no importa lo
etéreamente que se muestre a sí misma [1844, 2, 533]
Estos
pasajes están tan en la línea del psicoanálisis que es difícil creer
que su autor hubiera muerto ya en la época en que Freud comenzaba a ir
al colegio. Ciertamente, sin el respaldo clínico y teórico que Freud
aportó varias décadas más tarde, habrían parecido increíbles a la mayor
parte de los lectores.
Como hemos dicho, Schopenhauer,
como más tarde Freud, amplió el término 'sexualidad' y otros análogos a
un conjunto de fenómenos mucho más amplio que los habituales en el
discurso ordinario. Ampliaron drásticamente las motivaciones y las
actividades 'sexuales' hacia motivaciones y actividades en las que no se
encontraba corrientemente nada sexual. Schopenhauer al menos mantuvo
alguna conexión con lo orgásmico y lo genital (la sexualidad en sentido
ordinario). Si la voluntad es el fundamento de todas las cosas, incluye a
todos los instintos y por consiguiente es mucho más amplia que la
sexualidad normal, sus manifestaciones son sexuales al menos en sentido
ordinario. Freud llegó mucho más lejos ya que no sólo amplió el ámbito
de lo sexual sino que amplió el propio concepto, declarando como
sexuales a muchas cosas que no tenían en absoluto ninguna conexión obvia
con lo orgásmico o el placer genital. Como él mismo admite: "al
psicoanálisis se le reprocha frecuentemente por haber extendido el
concepto de lo sexual más allá del uso común. El hecho es
incontestable..." (1910b, p. 222).
De hecho, la ampliación hecha por Freud
del concepto de sexualidad es mucho más complicada que en Schopenhauer.
Cierto número de ideas procedentes de distintas fuentes contienden en
el uso freudiano del término 'sexualidad'. Como resultado, utilizó el
término 'sexualidad' al menos de tres formas diferentes e incompatibles.
Algunas veces por 'sexualidad'
se refiere como la noción ordinaria al placer genital y al orgasmo, a
las actividades relacionadas con el placer genital y sus desviaciones.
Este es el uso más restringido y es el que emplea cuando habla, por
ejemplo, de la pérdida de interés sexual que la castración causa al
"aniquilar los caracteres sexuales" por completo (1920, p. 214). Sin
embargo, también usó el término de forma ampliada de dos modos
diferentes. En uno de ellos, consideró a todos los placeres sensuales
como sexuales por su conexión con el placer genital y/o orgásmico
(1916-1917, pp. 323-5), incluso el "corriente afecto" de la ternura
(1925a, p. 38), en la que ve un residuo del placer sexual infantil
(1905, p. 200)). Aquí separa explícitamente lo sexual de lo genital, o
lo desconecta en gran medida (1905, p. 180; ver 1913, p. 323; 1925a, p.
38). En este sentido de 'sexual', hay muchos placeres sexuales que la
castración no puede eliminar, así que resulta desconcertante cómo puede
Freud considerarlo todo en conjunto. En el uso más amplio de los tres,
el término 'sexual' se refiere a lo que Platón llama Eros: todas las
fuerzas que impulsan la vida, crean estructura y componen el material
físico.
Estas concepciones rivales aparecen confrontadas en el último párrafo del famoso Prefacio de 1920 a la cuarta edición de Tres
Ensayos de Teoría Sexual (1905). Aquí, Freud también pone en relación su punto de vista con el de Schopenhauer:
...parte
del contenido de este libro -su insistencia en la importancia de la
sexualidad en todas las realizaciones humanas y el intento de ampliar el
concepto de sexualidad- se refiere a lo que constituye el primer y más
enérgico motivo de la resistencia contra el psicoanálisis... Podríamos
asombrarnos de ello [...] Porque hace algún tiempo que Arthur
Schopenhauer... mostró a la humanidad la magnitud en que sus actividades
estaban determinadas por los impulsos sexuales -en el sentido ordinario
de la palabra. [...] Y por lo que respecta al 'ensanchamiento' del
concepto de sexualidad..., cualquiera que contemple con desprecio el
psicoanálisis desde una posición de superioridad debería recordar cuán
estrechamente coincide la ampliación de la sexualidad en el
psicoanálisis con el Eros del divino Platón [1905, p. 134; 'divino
Platón' era el modo cómo se refería también Schopenhauer a Platón
Sorprendentemente
ningún concepto de sexualidad ampliada de este modo se encuentra en
ninguna parte de los Tres Ensayos. Mucho más se podría decir sobre la
concepción o las concepciones de la sexualidad en Freud, por supuesto,
pero incluso nuestro precipitado examen es suficiente para mostrar que
Schopenhauer anticipa las ideas de Freud sobre el tema de un modo
interesante. La aseveración de Schopenhauer sobre la ubicuidad de la
sexualidad en los asuntos humanos es particularmente elocuente.
Sobre
cómo la gente hace frente a la fuerza impetuosa del deseo sexual,
Schopenhauer anticipa nuevamente a Freud. Su explicación de cuan lejos
llegan los seres humanos al negar el poder de la sexualidad es tan
sarcástica como la de Freud.
Correspondencias entre aspectos de la psicología de Schopenhauer y el modelo topográfico de Freud.
Ellenberger,
en su clásica historia de la psicología dinámica de 1970. Subraya en
varias ocasiones las ideas psicológicas de Schopenhauer e insta a que
sea incluido "definitivamente entre los antecesores de la moderna
psiquiatría dinámica". También menciona con aprobación la interesante
afirmación de Foerster de que "nadie debe ocuparse del psicoanálisis sin
antes haber estudiado profundamente a Schopenhauer”. En general, ve a
Schopenhauer como el primero y más importante del gran número de
filósofos del inconsciente del siglo XIX, y concluye que "no cabe la
menor duda de que el pensamiento de Freud es uno de ellos".
Son
innegables las semejanzas entre la voluntad de Schopenhauer y el Ello
de Freud, así como entre las ideas pioneras de Schopenhauer sobre la
sexualidad y las posteriores ideas de Freud. Schopenhauer anticipó la
teoría de la racionalización de Freud. Además uno y otro consideran la
importancia capital de la infancia en la formación de la posterior
personalidad.
Volvamos
ahora a la noción de voluntad de Schopenhauer. Como vemos, su
psicología se desarrolla directamente a partir de esta noción,
especialmente sus doctrinas de que la sexualidad penetra toda la
motivación humana y que el intelecto es secundario respecto a la
voluntad.
El
artífice principal de la voluntad como principio y fundamento último de
la realidad en la filosofía moderna, llevándolo a su máxima
radicalidad, ha sido Schopenhauer, hasta tal punto, que a partir de él
se ha producido una verdadera inversión en la filosofía occidental. Así
lo ha visto Ruiz-Werner: “Un componente de particular influencia en la
filosofía de Schopenhauer es su insistencia sobre el primado de la
voluntad en oposición a la razón. Aquí hay un viraje radical en relación
con la tendencia predominante en la cultura occidental, que desde los
griegos había tenido un marcado matiz intelectualista. A lo largo de la
historia hubo sin duda intentos de recalcar el factor de la voluntad a
expensas del conocimiento, pero hasta Schopenhauer no se había afirmado
de manera clara y taxativa la supremacía absoluta de la voluntad en el
plano metafísico”. Schopenhauer
fue consciente de las consecuencias que su planteamiento produjo en el
pensamiento de la filosofía occidental, al afirmar con su habitual
presunción: “Yo soy el primero que he reivindicado para la voluntad la
primacía que le pertenece, transformando así todo el dominio de la
filosofía”.
Para
Schopenhauer la voluntad es fundamental. Ella subyace y anima a todos
los fenómenos (todo lo que se puede observar o lo que llamamos el mundo
objetivo). De acuerdo con Schopenhauer, podemos saber algo de la
voluntad a partir de la conciencia de nuestra propia volición; la
volición individual es simplemente una manifestación limitada de la
misma voluntad que se manifiesta en todo el mundo objetivo. Desde el
punto de vista de Schopenhauer la voluntad está en lucha continua y
todas sus múltiples manifestaciones en este mundo están eternamente
compitiendo por alcanzar alguna satisfacción, éste es el fundamento de
su pesimismo. Dejando a un lado las funciones metafísicas que le asigna
Schopenhauer, examinemos lo que vio en sus manifestaciones en la
voluntad de los seres humanos individuales.
Schopenhauer
piensa que la voluntad misma es inconsciente, pero que se manifiesta en
el deseo sexual y en el "amor a la vida" de los seres humanos. Ambos
son manifestaciones de una voluntad de vivir subyacente. Freud toma
prestada esta imagen de dos instintos enraizados en una única voluntad
de vivir y la mantiene sin cambios hasta 1923 por lo menos. Para ambos,
la sexualidad es la más fuerte de los dos, la más perfecta manifestación
de la voluntad de vivir. Ciertamente, Schopenhauer llegó tan lejos como
para afirmar que el ser humano es impulso sexual concreto por cuanto su
origen es un acto de copulación y este impulso por sí solo perpetúa y
mantiene por completo su existencia fenoménica.
Y
también: "El instinto sexual es el más vehemente de todos los anhelos,
el deseo de los deseos, la concentración de toda nuestra voluntad"
(1844, 2, p. 514). Como muchas de sus ideas, las opiniones de
Schopenhauer sobre el poder del deseo sexual están expresadas en un
lenguaje metafísico. De hecho, muestra sus afirmaciones sobre la
sexualidad como simples inferencias del constructo metafísico de la
voluntad. Cuando la voluntad se manifiesta por sí misma en la forma de
una criatura viva, tiende a perpetuarse a sí misma de acuerdo al método
de reproducción de la criatura. Así, la sexualidad es fundamental para
la voluntad de perpetuarse a sí mismo. Es "la más completa manifestación
de la voluntad de vivir, su carácter más claramente expresado" (1844,
2, p. 514). Para Schopenhauer, la sexualidad es "la más decidida y
poderosa afirmación de la vida por el hecho de que para el hombre en su
estado natural, como para el animal, es la finalidad de su vida y su
meta más elevada" (1819, 1, p. 329). Debido a que la conducta sexual es
la más poderosa afirmación de la vida y la más completa manifestación de
la voluntad de vivir, Schopenhauer se refiere a los genitales como "el
núcleo central de la voluntad" (1844, 2, p. 514), esto es, la más clara
manifestación física de lo que la voluntad quiere alcanzar en el mundo
físico. La conducta sexual "fluye desde las profundidades de nuestra
naturaleza" (1844, 2, p. 511).
Estas
doctrinas anticipan de modo contundente las ideas de Freud sobre la
sexualidad. Como la teoría de Freud, destacan la importancia y la
universalidad de la conducta sexual; para Schopenhauer, la sexualidad es
la más poderosa parte de prácticamente la totalidad de la motivación
humana, y sus ilustraciones de las manifestaciones de esta conducta
parecen un resumen de la teoría de Freud. Schopenhauer incluso amplió
antes que Freud el dominio de la sexualidad más allá de la procreación e
incluso más allá del orgasmo y el placer genital. Ambos llegaron a usar
el término para describir prácticamente la totalidad del placer
adquirido de cualquier manera, aunque creemos que Freud llegó mucho más
lejos que Schopenhauer.

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